Es de mañana, y el despertador suena marcando las siete en punto, una brisa ligera se cuela por la ventana, hace danzar la cortina.
Mi mamá grita que me levante o me quedaré dormida, me prepara el desayuno, me da un beso y se marcha al trabajo.
Tomo mi bolso y corro al colegio, se me ha hecho tarde. Olvido la tarea en casa, me gano el regaño de la maestra.
Salgo con las chicas, damos una vuelta en el centro comercial y miramos esos hermosos vestidos que soñamos lucir, comemos una hamburguesa o tomamos un helado, caminamos de regreso a casa.
Ahora todo eso parece lejano, como parte de un sueño. Vuelvo a la realidad, estoy sobre un puente, mirando la autopista, llevo zapatos nuevos y un vestido de verano, a pesar de que es invierno, en mi bolso una cámara, un libro y unas pastillas de anís. He dejado el móvil en casa, la billetera y mi identificación, así será mas difícil ubicarme. Traspaso la barrera de seguridad y evaluo la situación , el cielo está a punto de ponerse a llorar, pero nada más ha cambiado, al menos en apariencia. Extender los brazos, eso es lo primero antes de volar, luego el impulso... pero antes... ¿algo que decir? Si, quisiera volver.
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