Cierra los ojos exhausto, siente la sangre manar de sus heridas, es conciente de su sudor y su respiración.
Por un momento el tiempo se detiene, permitiendo a sus sentidos dilatarse al máximo, sus oídos reconocen los gritos de cada uno de sus compañeros, puede oír los latidos de sus corazones enardecidos. Percibe el olor de la sangre mezclada con la tierra, el polvo y la hierba de la explanada. Sus ojos queman, por el momento ha perdido la visión parcial de uno de ellos.
Está de rodillas en el suelo, sus manos sobre la espada, siente deseos de vomitar, lo hace.
Sabe que no volverá a ponerse de pie, al menos no sin una motivación.
Se adentra en lo más profundo de su ser, en un claro del bosque, está soleado y camina sin su armadura, está libre de toda atadura, no hay preocupaciones. En el estanque su reflejo le devuelve la sonrisa que se desfigura en un segundo.
El choque de una espada contra la suya lo saca del ensueño, haciendo gala de la agilidad concedida por los dioses, lo bloquea. Se incorpora. Es tiempo de regresar… mandoble tras mandoble reduce a su enemigo, siente las palmas hacerse trizas contra el metal. Da todo de si, pues esas manos no volverán a coger nada más. Han quedado atrás los momentos en que pasaba por los campos de batalla invicto, intoxicado con la victoria.
La sangre hierve y arremete contra el ejército que se acerca.
“Nunca me he retirado”.
Aguanta el dolor provocado por miles de armas, se debilita, pero sigue luchando, hasta que su cuerpo se vuelve de acero. Cae.
No hay necesidad de hablar de aquello, su espíritu quedó y él se marchó. Es un largo camino por delante, guiado por el eco distante, el joven se dirige a las tierras desoladas.
jueves, 14 de octubre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
Añoranza
Es de mañana, y el despertador suena marcando las siete en punto, una brisa ligera se cuela por la ventana, hace danzar la cortina.
Mi mamá grita que me levante o me quedaré dormida, me prepara el desayuno, me da un beso y se marcha al trabajo.
Tomo mi bolso y corro al colegio, se me ha hecho tarde. Olvido la tarea en casa, me gano el regaño de la maestra.
Salgo con las chicas, damos una vuelta en el centro comercial y miramos esos hermosos vestidos que soñamos lucir, comemos una hamburguesa o tomamos un helado, caminamos de regreso a casa.
Ahora todo eso parece lejano, como parte de un sueño. Vuelvo a la realidad, estoy sobre un puente, mirando la autopista, llevo zapatos nuevos y un vestido de verano, a pesar de que es invierno, en mi bolso una cámara, un libro y unas pastillas de anís. He dejado el móvil en casa, la billetera y mi identificación, así será mas difícil ubicarme. Traspaso la barrera de seguridad y evaluo la situación , el cielo está a punto de ponerse a llorar, pero nada más ha cambiado, al menos en apariencia. Extender los brazos, eso es lo primero antes de volar, luego el impulso... pero antes... ¿algo que decir? Si, quisiera volver.
Mi mamá grita que me levante o me quedaré dormida, me prepara el desayuno, me da un beso y se marcha al trabajo.
Tomo mi bolso y corro al colegio, se me ha hecho tarde. Olvido la tarea en casa, me gano el regaño de la maestra.
Salgo con las chicas, damos una vuelta en el centro comercial y miramos esos hermosos vestidos que soñamos lucir, comemos una hamburguesa o tomamos un helado, caminamos de regreso a casa.
Ahora todo eso parece lejano, como parte de un sueño. Vuelvo a la realidad, estoy sobre un puente, mirando la autopista, llevo zapatos nuevos y un vestido de verano, a pesar de que es invierno, en mi bolso una cámara, un libro y unas pastillas de anís. He dejado el móvil en casa, la billetera y mi identificación, así será mas difícil ubicarme. Traspaso la barrera de seguridad y evaluo la situación , el cielo está a punto de ponerse a llorar, pero nada más ha cambiado, al menos en apariencia. Extender los brazos, eso es lo primero antes de volar, luego el impulso... pero antes... ¿algo que decir? Si, quisiera volver.
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