jueves, 27 de agosto de 2009

Mañana a las diez

Debo confesar que cuando sonó el teléfono y oí su voz me sorprendí, no lo esperaba ni en un millón de años, pero fue una grata sorpresilla que me trajo el destino.
Como siempre, su voz, ¡esa maldita voz! cargada de melancolía hacía estragos en mi memoria y sacaba a la luz esos sentimientos que creí enterrados en lo más profundo de mi negro corazón.

Pidió verme, no se que fue lo que me motivó a decir "si". Ahora debo correr importantes reuniones para brindarle 10 minutos de mi escaso tiempo, pero esta bien, tomaremos un café, hablaremos, me mirará con sus ojos...¡profundos y sinceros! a diferencia de los míos, que jamás le permitieron llegar a conocerme.

¿Qué es esto? ¿por qué lo escribo? al parecer estoy dudando, pero cual es el por qué, no lo sé... es algo que descurbriré cuando nos juntemos en el café, mañana a las diez.

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