La noche esta tan clara o ¿es el amanecer?
Ya no recuerdo, perdí la noción del tiempo hace horas o ¿fueron días?
¿Es silencio lo que oigo? o es acaso ¿que mis oídos se han ensordecido por el tráfico de la calle?
¿Y si fuera lo uno y no lo otro?
¿Un latido? ¿ una letanía? ¿ nada?
¿Qué se esconde en el horizonte? ¿ luz? ¿más oscuridad? ¿la sonrisa perenne de un niño asustado?
¿Serán mis dudas que me insultan?¿al más idiota de los idiotas?
¿Una llama que se apaga? ¿o se prende?
¿Cerrar? ¿Abrir? ¿Salir? ¿Entrar? No lo sé.
Millones de preguntas sin solución me rondan o es que ¿sólo es una y ya se la respuesta?
Pienso y me recuesto.
Los ojos se cierran suavemente.
Quizás será mejor huir un segundo, olvidar los recuerdos falsos y dejarme llevar.
"El PsIcKiatrico"
PsIcK a través del espejo
jueves, 20 de enero de 2011
domingo, 19 de diciembre de 2010
Archivo navideño N° 2: CENA
Todo un menú de exquisiteces y comida engordadora nos deslumbra en la mesa, lista para la cena en familia. Nos dejamos encandilar por las velas y la vajilla “para ocasiones importantes”.
Tras horas de trabajo por fin nos sentamos a comer lo que hicimos, pero curiosamente cuando ha llegado el momento del disfrute, ya no queremos comer, o sea fueron tantas horas encerrada en la cocina, o preparando la “puesta en escena” de platillos, y tentempiés que resulta imposible no “picar” nada entremedio (una papa frita pal plato 5 pa’ mi).
Pan, pavo, carne, lechuga, tomates, papas, mani, pasas (y/o el mix), gaseosas, champagne, queso, mantequilla, mayonesa, vinagre, cerveza, apio, ajo, ciboulette, dulces, queso (en toda su variedad), entre otros muchos repletan nuestro carro mientras esperamos en la largísima cola del supermercado y recibimos un texto que dice “compra atún, porfa” (atún, por decir algo) ¡rayos! piensas que tienes que salir de la cola y navegar entre el mar de gente y carros de compra hasta el pasillo más alejado (por razones que no se pueden explicar siempre te piden a última hora lo que esta más lejos), te dan nauseas, pero cuando miras a tu lado descubres que tienes compañía, así que mandas a tu “junior” a naufragar en pos del requerido tarrito.
La odisea de la compra termina, y las cosas quedan guardadas un par de días (se supone… pero la estadística muestra que se compra todo a última hora, ciertamente con el pan no queda de otra.)
Ahora si hablamos de preferencias, me quedo con el pavo, con papas para acompañar, alguna gaseosa post brindis con champagne de arándanos (por algún motivo que no logro explicar no puedo encontrarla por ningún lado), para el postre alguna sorpresita culinaria del chef, o sea mi tía.
Respecto a la cena, no me puedo quejar, no soy una amante de la comida, pero se hace lo que se puede. Francamente hablando es Navidad una linda oportunidad para expiarnos de nuestras culpas… y partir por la comida es un gran comienzo.
Tras horas de trabajo por fin nos sentamos a comer lo que hicimos, pero curiosamente cuando ha llegado el momento del disfrute, ya no queremos comer, o sea fueron tantas horas encerrada en la cocina, o preparando la “puesta en escena” de platillos, y tentempiés que resulta imposible no “picar” nada entremedio (una papa frita pal plato 5 pa’ mi).
Pan, pavo, carne, lechuga, tomates, papas, mani, pasas (y/o el mix), gaseosas, champagne, queso, mantequilla, mayonesa, vinagre, cerveza, apio, ajo, ciboulette, dulces, queso (en toda su variedad), entre otros muchos repletan nuestro carro mientras esperamos en la largísima cola del supermercado y recibimos un texto que dice “compra atún, porfa” (atún, por decir algo) ¡rayos! piensas que tienes que salir de la cola y navegar entre el mar de gente y carros de compra hasta el pasillo más alejado (por razones que no se pueden explicar siempre te piden a última hora lo que esta más lejos), te dan nauseas, pero cuando miras a tu lado descubres que tienes compañía, así que mandas a tu “junior” a naufragar en pos del requerido tarrito.
La odisea de la compra termina, y las cosas quedan guardadas un par de días (se supone… pero la estadística muestra que se compra todo a última hora, ciertamente con el pan no queda de otra.)
Ahora si hablamos de preferencias, me quedo con el pavo, con papas para acompañar, alguna gaseosa post brindis con champagne de arándanos (por algún motivo que no logro explicar no puedo encontrarla por ningún lado), para el postre alguna sorpresita culinaria del chef, o sea mi tía.
Respecto a la cena, no me puedo quejar, no soy una amante de la comida, pero se hace lo que se puede. Francamente hablando es Navidad una linda oportunidad para expiarnos de nuestras culpas… y partir por la comida es un gran comienzo.
jueves, 2 de diciembre de 2010
"el regalo perfecto y le damos el "vamos" a Navidad
Como comienza la temporada navieña he decidido hacer mi especial de esta fiesta, tal como hacen todos los sitcoms y series animadas, claro que el mío no incorpora personajes envueltos en situaciones sobrenaturales, pero si personas de carne y hueso involucradas en las curiosidades y excentricidades que conlleva la preparación para tan importante fecha.
Doy el vamos a la sección con el tema “el regalo perfecto”
Si bien no es el verdadero sentido de la navidad (pronto profundizare en ello) es algo que nos da dolores de cabeza, de pies y obviamente hace un profundo atentado a nuestras finanzas.
En este loco mundo existen distintos tipos de regalos, están los grandes y caros, los pequeños y lindos, los útiles, los simbólicos, los espirituales, las huevadas y los “esto es lo único que se me ocurrió a última hora a segundos que cerraran el comercio”
En primer lugar hacemos la lista de a quienes obsequiaremos, porque hay que poner en claro que por más que uno quiera darle regalos a todos, a no ser que seas Farkas, no se puede. Por lo general en esta lista quedan: mamá, papá, hermanos, amigos y la pareja (si se tiene), claro que a veces se incluyen tíos, primos y otros, todo depende del presupuesto y grado de cercanía que se tenga.
Lo siguiente es ir a mirar que diablos vas a regalar, porque hay cosas por montones en este comercio y más aún con la llegada de las “custiones” chinas.
A pesar que no quieras y luches con toda tu voluntad, tus pies siempre te llevan, como primera opción, al centro comercial, sitio en el que, por lo general, encuentras todo en un mismo lugar, fantástico.
El problema comienza cuando te das cuenta que todos tuvieron la misma brillante idea que tu. No encuentras lugar donde aparcar el auto y ya no te gusta la cosa, cuando, tras dar y dar vueltas, encontraste uno, los ánimos han bajado a un 80%.
Una vez dentro, todo pinta bien te paseas de tienda en tienda mirando, cotizando pero no llegas a nada y cuando te vas sólo llevas unas tabletas para la jaqueca.
En casa analizas y haces un listado “confiable” (cuando lo necesitas desaparece) con el nombre de la persona y el regalo, en el caso de los hombres generalmente dice “polera” y en el caso de las chicas dice… “polera”.
Y así partes otro fin de semana al centro comercial en tu cochecito a pelear el estacionamiento, dispuesto a entrar a la multitienda donde tienes crédito para comprar una multitud de poleras para la hermana, el hermano, el primo, la prima, el sobrino, amigo 1,2 y 3, etc.
Llegas a la sección de poleras y te das cuenta de una terrible verdad, se venden por talla, y comienzas a seguir a otras personas y dices “disculpa ¿te puedes probar esta polera?” o una muy típica que varias veces me ha ocurrido “¿Crees que esto le guste a una chica de 15 años?” Una vez sorteada esta dificultad te encuentras…
Feliz, conseguiste todo lo que querías, de paso decidiste el regalo de tus padres, lo de tu novia(o), y lo que te gustaría tener. Vas pensando esto y repansando en tu mente mientras te acercas a la caja y cuando llega tu turno, la cajera, muy mona con su uniforme y uñas pintadas te dice con una sonrisa “Tuvimos una falla en el sistema puede esperar” y todo, se va literalmente a la MIERDA!
Te bajan los “monos” te pones idiota y dejas todo tirado y te vas a casa, luego reflexionas, vuelves, recuperas la calma, la cordura y las poleras, pagas y recibes la lluvia de sobres de regalo (ya no dan papel, esas bolsas dan asco no se rompen y se pierde la emoción) te sientes orgulloso de tu autocontrol y muy satisfecho por tu gran compra, la que va a parar a algún lugar del guardarropa del cual no saldrán hasta el día de Navidad (para ser envuelto apresuradamente y a veces quedar con el precio puesto).
Eso es en sencillas palabras la compra de un regalo.
Ahora pasamos a la compra de “el” regalo, que no es lo mismo, esto es algo que quiere marcar la diferencia, algo que demuestre esfuerzo y sacrificio como un collar de perlas cultivadas o un auto. No me tomen por materialista, pues soy bastante partidaria de los regalos significativos como un álbum de fotografías, un lindo centro de mesa para la cena, flores y calcetines, si calcetines (son muy útiles y nunca se tiene suficientes). También me gusta entregar tarjetas con buenos deseos.
A pesar que algunas personillas ponen mala cara al recibir presentes de tipo simbólico o espiritual a la larga son los que mas se valoran, porque tienen una esencia única, que se las da el trabajo, dedicación y sobre todo los sentimientos que se ponen en ellos.
Y así pues, tenemos mucho de donde elegir y también para decidir cual es el sentido que queremos darle a nuestra Navidad. Una consumista llena de regalos caros o una simbólica, en la cual lo más importante sea compartir con la familia y los seres queridos.
Doy el vamos a la sección con el tema “el regalo perfecto”
Si bien no es el verdadero sentido de la navidad (pronto profundizare en ello) es algo que nos da dolores de cabeza, de pies y obviamente hace un profundo atentado a nuestras finanzas.
En este loco mundo existen distintos tipos de regalos, están los grandes y caros, los pequeños y lindos, los útiles, los simbólicos, los espirituales, las huevadas y los “esto es lo único que se me ocurrió a última hora a segundos que cerraran el comercio”
En primer lugar hacemos la lista de a quienes obsequiaremos, porque hay que poner en claro que por más que uno quiera darle regalos a todos, a no ser que seas Farkas, no se puede. Por lo general en esta lista quedan: mamá, papá, hermanos, amigos y la pareja (si se tiene), claro que a veces se incluyen tíos, primos y otros, todo depende del presupuesto y grado de cercanía que se tenga.
Lo siguiente es ir a mirar que diablos vas a regalar, porque hay cosas por montones en este comercio y más aún con la llegada de las “custiones” chinas.
A pesar que no quieras y luches con toda tu voluntad, tus pies siempre te llevan, como primera opción, al centro comercial, sitio en el que, por lo general, encuentras todo en un mismo lugar, fantástico.
El problema comienza cuando te das cuenta que todos tuvieron la misma brillante idea que tu. No encuentras lugar donde aparcar el auto y ya no te gusta la cosa, cuando, tras dar y dar vueltas, encontraste uno, los ánimos han bajado a un 80%.
Una vez dentro, todo pinta bien te paseas de tienda en tienda mirando, cotizando pero no llegas a nada y cuando te vas sólo llevas unas tabletas para la jaqueca.
En casa analizas y haces un listado “confiable” (cuando lo necesitas desaparece) con el nombre de la persona y el regalo, en el caso de los hombres generalmente dice “polera” y en el caso de las chicas dice… “polera”.
Y así partes otro fin de semana al centro comercial en tu cochecito a pelear el estacionamiento, dispuesto a entrar a la multitienda donde tienes crédito para comprar una multitud de poleras para la hermana, el hermano, el primo, la prima, el sobrino, amigo 1,2 y 3, etc.
Llegas a la sección de poleras y te das cuenta de una terrible verdad, se venden por talla, y comienzas a seguir a otras personas y dices “disculpa ¿te puedes probar esta polera?” o una muy típica que varias veces me ha ocurrido “¿Crees que esto le guste a una chica de 15 años?” Una vez sorteada esta dificultad te encuentras…
Feliz, conseguiste todo lo que querías, de paso decidiste el regalo de tus padres, lo de tu novia(o), y lo que te gustaría tener. Vas pensando esto y repansando en tu mente mientras te acercas a la caja y cuando llega tu turno, la cajera, muy mona con su uniforme y uñas pintadas te dice con una sonrisa “Tuvimos una falla en el sistema puede esperar” y todo, se va literalmente a la MIERDA!
Te bajan los “monos” te pones idiota y dejas todo tirado y te vas a casa, luego reflexionas, vuelves, recuperas la calma, la cordura y las poleras, pagas y recibes la lluvia de sobres de regalo (ya no dan papel, esas bolsas dan asco no se rompen y se pierde la emoción) te sientes orgulloso de tu autocontrol y muy satisfecho por tu gran compra, la que va a parar a algún lugar del guardarropa del cual no saldrán hasta el día de Navidad (para ser envuelto apresuradamente y a veces quedar con el precio puesto).
Eso es en sencillas palabras la compra de un regalo.
Ahora pasamos a la compra de “el” regalo, que no es lo mismo, esto es algo que quiere marcar la diferencia, algo que demuestre esfuerzo y sacrificio como un collar de perlas cultivadas o un auto. No me tomen por materialista, pues soy bastante partidaria de los regalos significativos como un álbum de fotografías, un lindo centro de mesa para la cena, flores y calcetines, si calcetines (son muy útiles y nunca se tiene suficientes). También me gusta entregar tarjetas con buenos deseos.
A pesar que algunas personillas ponen mala cara al recibir presentes de tipo simbólico o espiritual a la larga son los que mas se valoran, porque tienen una esencia única, que se las da el trabajo, dedicación y sobre todo los sentimientos que se ponen en ellos.
Y así pues, tenemos mucho de donde elegir y también para decidir cual es el sentido que queremos darle a nuestra Navidad. Una consumista llena de regalos caros o una simbólica, en la cual lo más importante sea compartir con la familia y los seres queridos.
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