miércoles, 14 de noviembre de 2007

de temerario mire el sol y me quedé ciego

Miré el cielo, y me perdí en su profundidad...
Cerré los ojos y lloré, como nunca.
Corrí por el campo, solo.
Me lanzé en la más descabellada travesía, solo...
y así me quedé.

Vacío, oscuridad, nada. Pasará, pero no ahora. Ahora ahoga, ausencia de sonrisas enmascaradas, de felicidad ida.

Sin causa o con ella, nada le importa. Ni ella.

Soledad, sabe que no tiene derecho a estar triste. Pero no tiene derecho, no tiene nada. Se siente autista, mira sin mirar, vive sin vivir.

No huele, no siente. Sentir sí, tristeza.

- ¿Qué es eso?
- Es nada.
- ¿Nada? Eso es mucho, menos que nada.
- ¿Por qué?
- Por nada.

Llora sin lagrimas, ya no tiene. Llora por dentro. Piensa:

- ¿Estaré muerta? Muerta soñando que vivo sin vivir.
- Lo tienes todo, tendrías que estar feliz, agradecida, pero no te das cuenta. Cuéntame ¿qué tienes, que sientes?

- Un vacío vacuo. Un hueco en el alma.
- ¿Por qué? ¿Te hicieron daño?
- Ahora no me hables Conciencia, no me mires siquiera, que escupo como las llamas.
- Esperaré, esperaré a mañana y si no ha pasado, ha pasado mañana.

Cardenales verdes, morados, amarillos; daño, dolor, pesadumbre, tormento, suplicio, angustia, tortura.

-¿Qué quieres Soledad?
- Chillar, pero me ahogo. Quiero llorar, pero estoy seca. Lloro por dentro y me consumo.

Cárcel, rejas, alas rotas, cortadas, pero ya no tiene ganas de volar. ¿Para qué? Llueve y se mojarían. Y no quiere mojarse, quieres dejarlas donde están en el baúl guardadas, oliendo a naftalina.

- Me caigo.
- Levántate, yo te cojo.
- No puedo.
- Puedes. ¡Arriba, vamos!
- Voy. Pero dame tu mano.
- Tómala
- No siento.
- Sentirás.



He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados

JLB, El remordimiento


(No lo acabo de escribir, es más esto me lo mandó alguien una vez, y me gusto, y siento que hoy refleja completamnete como me siento...)

domingo, 11 de noviembre de 2007

No soñaras en noches de luna llena (parte 2)

Los pasos del joven Greyback se escuchaban en toda la gran casona, él daba vueltas alrededor del escritorio de su padre ubicado en el estudio, estaba nervioso, blanco como la cera, su oscuro cabello estaba revuelto, respiraba de manera agitada y aún permanecían en su cabeza el sonido de los cascos de los caballos dando fuerte contra el suelo. Lo acontecido aquella noche era algo que lo marcaría para siempre. Se acercó a la ventana, en el pueblo se detectaba movimiento, llamaron a la puerta.

-permiso- dijo una joven sirvienta- perdón por molestarlo, pero él ya esta aquí.

-Gracias, puedes retirarte

Inmediatamente la puerta se cerró tras la joven, el muchacho se puso aún más pálido y comenzó a temblar.“Él ya esta aquí”, ahora sí que estaba perdido, se quedó de pie, rígido junto a la ventana de espaldas a la puerta, esta se abrió de golpe y un hombre alto de cabello oscuro y piel cetrina entró en la habitación.
- ¡Padre!- los ojos del chico trataron de entablar contacto con los de el hombre, pero este lo miraba de abajo hacia arriba deteniéndose en sus manos.

-¿qué has hecho maldito bastardo?- avanzó hacia su hijo y lo golpeo en la cara.

-Yo no quise, es verdad padre.

-Te entregaré – aseguró sin mirarlo.

-¡¿qué?! Padre usted no puede, no puede entregarme- suplicaba de rodillas- soy su hijo.

-Tu sólo eres mi desgracia- rugió como el trueno- tus manos ensangrentadas lo demuestran, ¡eres un monstruo!

-No diga eso- la voz del joven denotaba miedo y tristeza- usted sabe bien que no tengo conciencia.- eso decía mi madre y tenía razón.

-no metas a Stella en esto, ¿cómo te atreves siquiera a mencionarla?- fulminaba a su hijo con la mirada- lo lamento Lowell, pero no puedo seguirte encubriendo, lo he hecho por 8 años y una de tus hermanas y tu madre murieron, la evidencia esta a la vista- dicho esto abandonó la habitación.

Lo ocurrido en los 20 minutos que siguieron a esta conversación Lowell

Greyback no lo logró asimilar, 2 oficiales de la guardia tomándolo por los Brazos, lo llevaron hasta el pueblo, se vio sobre el patíbulo, luego para sus ojos todo se puso oscuro.